Tenían que apartar piedras como quien desmonta un castillo de naipes. Cada vez que quitaban un peñasco, apuntalaban y aseguraban el terreno. Un movimiento en falso podía provocar un derrumbe fatal para los dos obreros que estaban sepultados bajo la montaña de rocas. El tiempo jugaba en contra.
El de ayer fue un rescate a vida o muerte. Los bomberos preguntaban constantemente al médico por el estado de los heridos para saber cuánto tiempo tenían por si era necesario acelerar el ritmo de los trabajos, aunque eso supusiera asumir más riesgos. «Todavía aguantan»,...